Paseo del Prado

Paseo del Prado

El Paseo del Prado, la arteria fundamental que le da nombre al consejo popular, surgió como una necesidad del crecimiento de la ciudad, al desbordar los límites que imponían las murallas. Para esa época los espacios públicos en la zona intramuros, para el recreo y vida social al aire libre eran insuficientes.

Se decide entonces por el Gobierno colonial la construcción de un paseo o alameda extramuros, que tenía cerca de un kilómetro de largo y se extendía a lo largo de la muralla terrestre y entre las dos puertas con que contaba la misma en aquel entonces. Recibió el nombre de “Nuevo Prado” y llegó a convertirse en el centro de la vida social de La Habana de la época.

Estas obras fueron parte de un programa de obras públicas destinadas a dotar a la ciudad de un “porte” adecuado a su condición de Ciudad Capital.

Paseo del Prado en sus inicios

Las remodelaciones y mejoras

La construcción fue comenzada por el Marqués de la Torre y los sucesores Gobernadores Generales la fueron mejorando, especialmente don Luis de Las Casas y el Conde de Santa Clara. En la cuarta década del siglo XIX, durante el mandato de Don Miguel Tacón, la antigua Alameda de Extramuros pierde su carácter campestre y se convierte en una ancha calzada con acentuado papel de vía de comunicación. El Capitán General además propició la construcción de una serie de edificios públicos en su entorno como el Teatro Tacón, el edificio de la Cárcel.

El General Valdés continuó las obras de embellecimiento de la ciudad y aumentó los atractivos de aquel paseo, que volvió a ser retocado por orden del Capitán general Príncipe de Anglona en 1840, cuando se le bautizó con el nombre de la reina: “Paseo de Isabel II”.

En la segunda mitad de ese siglo con el crecimiento de la ciudad el Prado comenzó a flanquearse de elegantes mansiones y grandes edificios de sociedades. En 1863 con el derrumbe de las murallas se pudo disponer de una gran faja de terreno que fue rápidamente urbanizada según el trazado del arquitecto Juan Bautista Orduña. De sus proyectos se destaca su propuesta de construir una gran plazoleta que reunía tres plazoletas menores existentes y conformó lo que es hoy el Parque Central de La Habana.

Adornaban el Paseo de Isabel II en ese tiempo las fuentes de la India o de la noble Habana, la de la Cascada, que sustituyó a la de los Genios, ya destruida, y la estatua de Isabel II que había sido colocada frente al Teatro de Tacón y al Hotel Inglaterra (que había sido construido en 1875), en la plazoleta que sería el Parque Central. El paseo seguía contando con un kilómetro de largo aproximadamente y se le concibió con una anchura que permitiera a los paseantes intercambiar saludos con sus conocidos.

Paseo del Prado sin cementar

Desarrollo urbano y social

Alrededor del eje vial del Paseo del Prado se ubicaron construcciones civiles de marcado uso social: sociedades de recreo; hoteles; cines; teatros, y al mismo tiempo importantes mansiones, construcciones todas de marcada filiación al eclecticismo, con las más variadas formas en el diseño.

La estructura del Prado había permanecido inalterable a través de los años, su parte central era de tierra; sus vías para carruajes no estaban pavimentadas y en sus bordes lucía árboles frondosos como sucede todavía hoy en día.

Con la intervención norteamericana de 1902, se le introdujeron algunas mejoras. Primeramente se le cambió el nombre, llamándose a partir de entonces Paseo de Martí, en honor al Apóstol de la independencia de Cuba, aunque para la población siguió siendo “El Prado”, como era costumbre.

Con la nueva remodelación el Paseo quedó con sus secciones bien definidas:

  • Una zona arbolada peatonal con calles laterales (de Neptuno al Malecón)
  • Una zona vinculada al Parque Central
  • Una zona vial con parqueos y que en uno de sus extremos tenía la Plazoleta de la Fuente de la India

Dentro de los cambios realizados se remodeló su infraestructura: arbolado, mobiliario y alumbrado. Se asfaltaron sus calles laterales (por vez primera en La Habana), incorporándose el automóvil en sus paseos.

En 19281929 se decide su imagen definitiva que ha llegado al presente, se construyeron bancos de piedra con respaldo y base de mármol, se colocaron elementos ornamentales como copas y ménsulas en profusión a lo largo del paseo, se colocaron las farolas artísticas de hierro y los leones de bronce que lo custodian. El paseo central se pavimentó con un bello piso de terrazo. Al construirse el Capitolio se integran las áreas exteriores del mismo al Paseo del Prado, a la Plazoleta de la Fuente de la India y al Parque de la Fraternidad.

El Paseo del Prado está escoltado por verdaderas joyas arquitectónicas, palacios residenciales de inicios del siglo XX, instalaciones sociales entre las se destacan el Centro de Dependientes (hoy centro de entrenamiento deportivo), que mantiene todo su esplendor en la esquina de Prado y Trocadero, asociaciones como el Centro Asturiano, el Centro Gallego y la Asociación de Veteranos, teatros como el Fausto (uno de los más antiguos de la capital), el Martí, el Payret y el Actualidades, edificios comerciales como el edificio Bacardí y la Manzana de Gómez entre otros.

El Paseo del Prado marca una línea de transición epocal paseo de leones, cuyos bronces fueron de los cañones que en un tiempo defendieron la ciudad, enclavados en pleno corazón de la Habana, los asientos de piedra, con hilera de árboles, siendo testigos mudos de la llegada de la luz eléctrica –con lámparas de arco– en la capital, muy cerca de los principales comercios, y de hoteles como el Plaza y Sevilla. Es una pincelada verde entre el asfalto y el concreto de la urbe capitalina.

Construcciones y monumentos escultóricos en el Consejo Prado


Fuente de La India

Fuente de la India o de la Noble Habana, como también se le conoce. Es una representación alegórica de la ciudad, representa la imagen de la India Habana en cuyo honor fue nombrada la ciudad. La obra, de unos tres metros de altura, se debe a la iniciativa del Conde de Villanueva don Claudio Martínez de Pinillos.

La figura de esa joven hermosa, de actitud serena, porte y perfil clásicos muy propios de la estética y los cánones europeos, se convirtió en el símbolo más popular de La Habana del siglo XIX. La fuente ha sido inspiración de poetas, y también de cuentos fantásticos.

La Fuente de la India en 1928
La Fuente de la India 2019

Gran Teatro de La Habana

Gran Teatro de La Habana, situado en el Paseo del Prado o de Martí, esquina con San Rafael.

Es una de las más importantes instituciones culturales de América Latina. Posee salas de teatros, de concierto, de conferencias y de video, así como, galerías de artes visuales, un centro coral, varios salones de ensayo para agrupaciones danzarias y bailarines. Tiene una capasidad para 1500 personas.

El más importante de sus espacios es la Sala “García Lorca“, antiguamente denominada Gran Teatro Tacón que tuvo sus primeras presentaciones en noviembre de 1837, y la inauguración oficial en abril de 1838. Activo desde entonces, por cuyo escenario han desfilado las compañías y figuras más significativas del arte universal, como las bailarinas Anna Pavlova y Alicia Alonso. Es la sede del Ballet y la Ópera.

Con un estilo barroco, fue creado por el arquitecto belga Paul Belau, para albergar los actos sociales de la extensa comunidad española de La Habana. Es la sede del ballet y la ópera.

Gran Teatro de La Habana

Hotel Inglaterra

Hotel Inglaterra. Monumento Nacional cubano. Se localiza en el Paseo del Prado o de Martí 416, esquina a San Rafael, en el Parque Central.

Tras la fachada neoclásica de este edificio del siglo XIX, se esconde un interior mudéjar: sus azulejos ocres, verdes y dorados fueron traídos desde Sevilla, la entrada luce mosaicos andaluces y los techos de madera recuerdan los artesonados árabes. Además, en una de las columnas del salón café se puede leer la inscripción en árabe clásico “Alá es el único vencedor”.

Cuando fue construido en 1875, el Inglaterra era un hotel pequeño con un local nocturno, Le Louvre, y un salón de baile contiguo. La acera del hotel, conocida como “la acera del Louvre”, fue un animado punto de encuentro de los liberales de La Habana. Fue aquí donde José Martí defendió la independencia de España frente a los liberales más moderados, que pedían la autonomía.

El general Antonio Maceo, héroe de las guerras de independencia, preparó los planes para la insurrección en este hotel. La gran actriz francesa Sarah Bernhardt y la bailarina rusa Anna Pavlova se contaron entre sus ilustres huéspedes.

Hotel Inglaterra

Capitolio Nacional

Capitolio Nacional. Icono arquitectónico de La Habana. Situado entre las calles Prado, Industria, Dragones y San José.

Este lugar marca el kilómetro cero de la red de carreteras de Cuba. Inaugurado el 20 de mayo de 1929, el edificio presenta una fachada acolumnada neoclásica y una cúpula que alcanza los 91,73 m de altura. También destaca entre sus atractivos artísticos la estatua que simboliza a la República de Cuba, esculpida por el artista italiano Angelo Zanelli, considerada la tercera escultura bajo techo más grande del orbe.

Su belleza, majestuosidad e historia atraen a nacionales y extranjeros, que buscan perpetuar su imagen ante las antiquísimas cámaras fotográficas, montadas en trípodes, que proliferan en los alrededores del edificio, ahora en reparaciones es sede de la Academia de Ciencias de Cuba y varias entidades del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA).

Capitolio

Leones del Paseo

Ocho apacibles y hermosos leones, son fieles guardianes en el Paseo del Prado habanero, a la vez que son testigos silenciosos de lo que acontece a su alrededor.

La Habana era el puerto más importante para España en el Nuevo Mundo, por lo que era necesario protegerlo de corsarios y piratas. Entonces se decidió fortificar la bahía y se compró cientos de cañones para proteger y defender la ciudad, en fortalezas como el Castillo del Morro.

Durante la etapa neocolonial, en pleno siglo XX, se comprobó que los cañones ya resultaban obsoletos, por lo que se funde su bronce y se utiliza para crear las esculturas de los leones. En 1928, el Presidente de Cuba encargó el escultor francés Jean Puiforcat y al también escultor cubano y fundidor de bronce Juan Comas, a esculpir los leones a gran escala para ser colocados a lo largo del Paseo.

Los Leones siguen ahí y se han convertido en símbolo de La Habana.

Dos de ellos se levantan majestuosos y firmes en el extremo norte de la vía, por la calle San Lázaro y frente al Malecón habanero, junto a la estatua del poeta Juan Clemente Zenea.

Ciertamente, en el período 1928-1929 se decide la imagen definitiva del emblemático Paseo que ha llegado al presente: se construyeron bancos de piedra con respaldo y base de mármol, se colocaron elementos ornamentales como copas y ménsulas en profusión a lo largo del Paseo, se colocaron las farolas artísticas de hierro y los leones de bronce sobre sus pedestales que lo custodian. El paseo central se pavimentó con un bello piso de terrazo. Al construirse el Capitolio se integran las áreas exteriores del mismo al Paseo del Prado, a la Plazoleta de la Fuente de la India y al Parque de la Fraternidad.

En la actualidad, el Paseo del Prado se extiende desde la Fuente de la India y el Parque de la Fraternidad hasta el Malecón, atravesando las zonas más concurridas de La Habana Vieja y a tan solo una manzana de la Calle Industria, que marca el límite con Centro Habana.

El Prado sin sus Leones, sería como La Habana sin su Malecón.

Leones del Prado y hotel Grand Packard
Exposisión Transitoria en el paseo del prado
Día de Lluvia en Paseo del Prado
Cochero pare:
Edificaciones
Hotel Paseo del Prado
Exposisión Transitoria
Leones del Prado
Niños juegan en el prado

Fuentes: Ecured y Radio Rebelde

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